domingo, 26 de agosto de 2007

* Blue Boy *

Son tantas las ideas, cosas, fantasías o como quieran ustedes llamarle que se le pasaban por la cabeza que cuesta encontrar un orden, es difícil imponer el orden en medio del caos. Ella era un caos, una tormenta desatada por un suspiro.

Él era un quiebre en sus días y por eso venía inexorablemente lleno de contradicciones. Ella quería jugar con él y no sabía como dejarlo en el plano de lo inmaterial.
No quería cruzarse con él porque lo deseaba, ahí está la verdad... y eso la llenaba de miedo. Era el deseo por una persona que ella misma inventaba y que a la vez andaba caminando por la calle, con toda su corporalidad.

Su sensibilidad para el arte, su melancolía, su intensidad, su poder sobre las palabras, su voz en aquella canción, su brutal sinceridad, su cierto aire misterioso e intrigante y también sus cambios repentinos y hasta violentos de humor, su agresividad y su desilusión de todo... la atraían hacía él, ejerciendo un magnetismo demasiado fuerte sobre ella y por eso le bajó las barreras, le dejó infringir todos los límites y le dio un lugar en sus pensamientos.
Él era una mezcla apasionante de ideales de mentira y de verdad. Era una posibilidad abierta a ocupar cierto lugar que el imaginario había construido hacía mucho tiempo atrás.

A veces ella deseaba que fuera solo un personaje más de sus cuentos, pero a los personajes los podía manejar como marionetas a su gusto, a él no. Él se escurría de sus manos huidizamente, se movía inquieto sin importar lo que se llevara por delante o lo que dejara atrás. De vez en cuando hasta se ponía en posición de ataque y la bombardeaba destructivamente. Hasta en la destrucción se puede encontrar placer.

A ella le generaba tanta ambigüedad que por momentos quería eliminarlo con un movimiento fulminante y por otro lado, la invadía la ternura y le daban ganas de cuidarlo y protegerlo. Sus ganas de matarlo se traducirían en taparle la boca de un beso ante el exceso de palabras caprichosas, ambiciosas y peleadoras.

Lo bueno (o tal vez lo malo) de los inventos es que son creaciones propias y como ella lo inventaba cada vez que lo pensaba, él era perfecto... perfecto hasta en sus defectos.

Perturbador era la palabra que mejor lo definía. A él o a la imagen que ella tenía de él, la distancia entre una y otra es incierta y así permanecerá.
Él jugaba con la tentación y el deseo, dibujando escenas inexistentes en la imaginación de ella que sucumbía fácilmente ante los encantamientos de él.

Ella se sentía como si estuviera al borde del abismo, invadida por el pánico que le generaba el vacío... esperando que él la empujara y se tirara con ella o que simplemente desapareciera para siempre.

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