Mirá cuando nos llegue la supuesta calma y nos encontremos los dos por fin solos, mirándonos y sintiéndonos hasta los huesos, observando algún atardecer de esos que solo compartíamos por fotos; o dentro de tu auto estacionado frente al mar mientras las luces de la ciudad parecen tan lejanas.
Vamos a sentir que estábamos predestinados a terminar así, inevitablemente unidos y juntos, después de haber derribado todos los obstáculos, después de que dejaras de lado tu armadura y yo desatara mis nudos.
Entonces vas a acercarte a mi boca, te vas a detener al borde de mis labios y me vas a decir cuánto querías que esto pasara. Nuestras imaginaciones nunca se van a callar y nos vamos a inventar infinidad de personajes para seguir creando fantasías, encuentros y desencuentros, vamos a jugar a desearnos, a tentarnos, a morirnos de ganas, a evitarnos hasta volver a sentir la locura y el vértigo de aquellos días en que todo era incertidumbre, indecisión y conflicto.
Los dos sabemos que nosotros nos alimentamos del conflicto, que vivimos eligiendo los caminos más complicados, que aún cuando es primavera tenemos ese aire otoñal que vuelve nuestras miradas tristes. Somos melancolía y muchas veces vemos el mundo en tonos grises.
Nunca le dimos la espalda a la ambigüedad que nos juntó. Pero cuando se aproxima el momento, explotamos de felicidad, estallamos en el cielo azul, azul como vos y vemos luces rojas, rojas como yo. El universo se achica y todo es violeta.
La intensidad tiñe un instante y lo suspende en coordenadas ajenas al tiempo y espacio real para estremecer nuestros cuerpos que vibran mientras ahogamos un grito y soltamos un gemido con aire de suspiro.
Con los ojos alucinados nos miramos, clavamos nuestras pupilas el uno en el otro. Nuestras miradas son como puñales que nos hundimos cruelmente por debajo de nuestros párpados pero ese dolor es dulce y placentero.
El magnetismo de nuestros cuerpos produce electricidad, nos fundimos, borramos los límites de la piel y sentimos correr la sangre por las venas a un ritmo frenético. El aliento agitado y ensordecedor nos transporta a otra
dimensión mientras tus manos me agarran con fuerza, como si nunca más me fueras a soltar.
Yo soy tuya, soy tuya y vos sabés que no quisiera estar en otro lado que no fueran tus brazos, no quisiera sentir otra voz en mi oido que no fuera la tuya susurrándome despacio, confesándome amor y lujuria.
Vida y muerte coexisten en nosotros, nos habitan todos los extremos. Nuestra existencia transcurre en un eterno baile que nos arrastra violentamente de un lado para el otro envueltos en vapores como si estuviéramos en pleno ritual o trance.
Experimentamos todas las sensaciones, nuestros sentidos están agudizados, percibimos con una tonalidad siempre más fuerte, nuestras emociones son como torbellinos irrefrenables.. por eso todo en nosotros es vértigo y éxtasis.
jueves, 30 de agosto de 2007
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